viernes, 24 de mayo de 2013

Toska.

Hacía mucho que recordaba aquella frase de Terenci Moix incesantemente: 
"El hombre teme al tiempo y el tiempo solo teme a las pirámides." 


Tiempo, esa maldita aguja del reloj que nunca se detenía, ni avanzaba más rápido de lo debido. Esa sucesión incansable de días que tejía y destejía momentos en la enmarañada memoria humana. Ese amigo suyo tantas veces, tantas otras veces enemigo cruel (como cuando pretendía quedarse para siempre entre el calor de algunos brazos y desaparecían al abrir los ojos).
Pensaba en el tiempo, preguntándose por qué le traía a su memoria recuerdos tan lejanos, tan inútiles a su parecer. ¿Por qué ahora? En su mente resonaban todas aquellas frases que apelaban a su corazón para romperlo en mil pedacitos punzantes y pequeños. Ella siempre había sido "demasiado", aunque en realidad nunca sabía si se referían a "demasiado poco" o "demasiado, demasiado". ¿Qué más da? Ya no están, se fueron hace mucho, se marcharon por la puerta de atrás, con pocas despedidas; algunos con muchos dramas. No había final feliz para ella, no creía que existiera. Había mucho más que kilómetros entre ella y sus insomnios pasados. ¿Cuántas veces se había enamorado? ¿Un par? ¿Tres, quizá? Y, sin embargo, pese a no enamorarse precisamente con frecuencia, nada acababa bien. Los "te quiero" acababan traducidos en "lo siento, hasta aquí, ya no más". Y eso que siempre daba más de lo que tenía, "demasiado". Incontables besos en noches oscuras, manos furtivas buscando lugares escondidos en su frágil cuerpo, palabras pícaras haciendo mella en su alma. Y todo se iba como venía, rápido, invisible, solitario. Por eso estaba en aquel tren, que le llevaría a otra ciudad desde la que iría a parar a otro país. A un país con un desierto. Era el momento de dejarlo todo atrás, nadie iba a ir a buscarla al aeropuerto en el último momento como en las comedias románticas. Nadie la llamaría para decirle lo mucho que la amaba, lo muchísimo que la echaba de menos.
"Mentiras"
"Desilusiones"
"Soledad"
La vida, ay, su vida. Había aprendido que le iba a dar bofetadas por todos los lados posibles en los momentos más inadecuados. Sabía que iba a haber más piedras en el camino que señales para continuarlo. Pero ahora ya no le importaba. Con pies descalzos pensaba andar una nueva tierra, y aunque le sangraran pensaba seguir adelante. No sabía si acabaría desangrada en mitad de un desierto africano, o si un oasis desconocido le abriría las puertas a mitad del sendero. No sabía cómo sería su último capítulo, ni con quién. Pero no importaba, ya nada importaba. Todo lo demás había quedado atrás, ahora solo existía ella y su piel, y sus pies. Nada más allá de aquel mar fronterizo iba a volver a su vida jamás.
-"Sabah Al Jeir, Egipto".


"никогда я не пойму
ну почему так нерешительно печаль смакует боль?
пусть лучше сердце пополам,
чем никогда не быть с тобой.
меня измучила пленительная вязкая тоска,
холодным светом у виска
опять луна, как ты одна."

(Dima Bilan - Toska) 

jueves, 9 de mayo de 2013

Ice-Animal.

Aquella noche debían sobrevivir a toda costa, canalizando toda su furia.
Ella en su cama, lejos, muy lejos, rozando los polos de Siberia y el azul de su cielo. 
Él, en la suya propia, en una tierra caliente y fértil.
Los dos suspiraban casi al unísono aún sin verse y tenían los colmillos bien preparados para atacar a los fantasmas enemigos en cuanto aparecieran. Los dos desearían haber sido un guepardo y correr y correr y correr sin detenerse ni mirar atrás. Los dos necesitaban ese ímpetu, ese instinto de supervivencia para levantarse tras tan tremenda caída. Y aunque querían lo mismo, un abismo insalvable les separaba: un abismo llamado dolor, en el que ni siquiera los colmillos más afilados, ni la mirada má funesta servía para aislar los miedos o la heridas reabiertas. 
Él recordaba, recordaba sus ojos del color del hielo y le venía a la mente un momento en que ella tenía mucho frío y él le había dejado su chaqueta de piel marrón. 
-¿No te se pasa?
-No...
-A ver, ven aquí. -la abrazó, su cara rozó la de ella y notó que el frío se le calaba hasta los huesos, ¿cómo podía ser? Era Junio.
-Gracias.
-¿Sabes? Tienes la fuerza de las fieras y la dulzura de los niños.
Ella rió sonoramente.
-Sí, bueno, y la temperatura del Polo Norte.
Y ahora aquí, él sentía un calor muy diferente al que sintió aquel día. Hoy sentía rabia, por no poder mirar aquellos ojos, ni poder convencerla de que el mundo no era tan hostil como su amada Rusia. Por no poder decirle cuánto la quería sin que le contestara con aquella mordacidad tan típica en ella cuando se enfadaba. ¿Qué iba a hacer, si a veces su propio frío la atrapaba y si simplemente las fieras siempre serán fieras? Y por eso le gustaba.

jueves, 21 de febrero de 2013

Time for living.

Vivía en un loft neoyorquino carísimo que, a pesar de su precio no tenía vistas al mar. Pero tenía un enorme vestidor en el que coleccionaba vestidos con cortes princesa y escotes de corazón. Un poco de cuento de hadas y un poco de romanticismo en su solitaria vida. A ésta la veía pasar ante sus ojos, cada minuto de cada día. Pasaba los días trabajando sin parar, sin pararse a soñar, ni a mirar, ni a mirarse. Solo trabajo y ambición. Sin embargo, el mundo latía, pero ella parecía estar en un semáforo en rojo desde aquella noche de tormenta.

-Si no tuvieras las manos tan frías y la lengua tan caliente te iría mejor -dijo él levantándose de la cama.
-Puede, pero en ese caso no sentirías escalofríos mientras mis manos acarician tus caderas y mi lengua... ya sabes. Mira a ver si eso lo hace cualquiera.
-¿Lo ves? Crees que con sexo podemos arreglarlo todo y no. Por mucho que me vuelvan loco tus miradas, tu sensualidad, tus faldas demasiado cortas, tus zapatos demasiado altos, tu pelo, siempre suelto, siempre desordenado... no es suficiente, Keira. Me encantas pero no es suficiente.
-¿Y me lo dices mientras te pones los pantalones?
Lo cierto es que no, ella no creía que el sexo lo arreglara todo. Simplemente sabía que cuando su voz la acariciaba a menos de un centímetro se sentía mejor; simplemente le costaba asumirlo. Pero no podía decírselo porque entonces el tendría carta blanca para romperla en pedazos y ya estaba cansada de recoger los estropicios que el amor dejaba a su paso.
-Será mejor que esto se acabe... -dijo mirándola a los ojos para que supiera que era la última vez que pronunciaba esa frase.
Ella no contestó. Para qué, por qué. Él parecía esperar una respuesta, quizá dos simples palabras, pero solo hubo silencio así que cogió su chaqueta y se largó, dispuesto a calarse hasta los pies de fría lluvia.

...

-¿Eres Keira? -dijeron al otro lado de la linea de su teléfono fijo.
-Sí, soy yo. ¿Quién llama?
-La hermana de Uriel. Se marchó hace unos días de casa y acabo de descubrir que se ha ido a Nepal gracias a ti. Pero, aunque me pese, debo decirte que ha dejado una carta aquí para ti.

"No habrá un 'querida' que comience esta breve nota de despedida. De todas formas, no te hubiese importado. Bueno, en realidad, no lo sé. Me voy porque no puedo luchar contra un corazón sin sangre, apagado siempre para todos. Quise darte todo lo que tenía adentro, pero no me dejaste. Solo conseguí asustarte, y no sé por qué. Así que ahora ambos nos hemos quedado sin esa pasión que nos atravesaba al tiempo que nos rompía y reconstruía. Espero que algún día encuentres a quien te arranque la coraza, yo solo fui capaz de arrancarte la ropa. No te sientas culpable, me voy a Nepal porque es el único sitio en el mundo donde alguien me necesita."
Y como una explosión aquellas palabras resonaron con brutalidad en su interior. Imaginaba cómo se las decía y en qué tono y sentía cómo se le perdían los pensamientos entre recuerdos enmarañados, sin sentido. Habían sido varios meses de "relación" y ahora él estaba... no, simplemente, no estaba. Si él le hubiese dicho todo eso mirándola a los ojos quizá hubiese visto cómo se resquebrajaba su máscara en vivo y en directo. Ahora, solo el espejo la veía. Ahí estaba: "Esta eres tú. Frágil, insegura, débil. Como todo el mundo." Lágrimas corrían por sus ojos mientras los miraba fijamente, veía cómo se tornaban más claros, mojados. Suspiraba. Decidió acostarse. Escenas de prados y cafés rebotaban en su cabeza de repente, arco iris y sal. Sudor, luces, susurros, miedo. MIEDO. "¿Am I going crazy?"; "No, you're just in love". Entonces recordó esa conversación que tuvo un día con su madre y jamás olvidó:
-Si todos creen que eres perfecta nadie mirará demasiado. No se atreverán, de modo que será fácil ocultar tus grietas. Tú cuídate de llevar siempre a mano un pintalabios y unos vaqueros ceñidos a ese precioso culo y todo saldrá bien. No lo descuides, no demuestres que les temes. Maquilla tus ojeras al mismo tiempo que tu corazón. Sé altiva, que te critiquen. Cuánto más te critiquen más te envidiarán y menos daño podrán hacerte.
-¿Y si yo no quiero ser perfecta? Quizá mañana me apetezca fugarme, o romper cristales, o gritar en un restaurante. Quizá no quiera ser yo nunca más. A veces da asco que la gente piense que eres perfecta, porque si fallas siempre creen que ellos tienen la culpa y eso te hace sentir doblemente culpable. Y en realidad, nadie es perfecto, todo el mundo lo sabe. Solo se dejan llevar...
-Precisamente, aprovéchalo. No querrás que te pase como a mi.
Acabó creyéndose su perfección, alimentando su orgullo, recubriéndose de un oro invisible y montones de capas de armadura. Nada podía funcionar en su vida porque no se conocía a sí misma. Nada ni nadie.
Nepal. Uriel. Nepal.

"Puede que no sea mala idea ir a buscarme y cuando me encuentre, buscarle a él. Sé que me ama, me ama liberada de todo lo que aparento ser. Sé que lo ha visto. No sé en qué momento lo divisó dentro de mi pero lo supo y se marchó porque se dio cuenta de que no iba a dejar que aflorara. Ya es hora de que empiece a vivir y deje de hacer como que vivo. Todos encontramos nuestro camino algún día y este es el mío. Lo sé porque lo siento. Hay gritos que no se escuchan pero rompen la barrera del sonido con su pena y él, sin que yo gritara, sin que le gritara que mi vida era un desastre me ha ayudado a empezar a cambiarla. Él tintaba mi vida momento a momento, quizá cuando le encuentre yo pueda tintar la suya."









"Disimularé este miedo al contacto con tu cuerpo, ahora mira cómo me deshielo; tú hazlo cuando tengas tiempo, yo te espero. Echo de menos tus abrazos poliédricos cubriendo los ángulos agudos de mi cuerpo. Cuando el pasado solo piensa en el recuerdo yo me imagino un futuro pluscuamperfecto. [...] Me duelen las costuras de los sueños que no tengo."
Carlos Sadness - Minuto en la lluvia.


PD: La foto es de mi propiedad. No quería firmarla para no quitarle la magia. Por favor, no la descarguéis.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El mundo bajo mis pies.

Hay fallos en el sistema de mis sentimientos. 

Sé romper un corazón y sé preparar el mío para que me lo rompan... 

Pero no sé querer como lo hace todo el mundo. Confieso haberlo intentado cientos de veces con funestos -y vergonzosos- resultados. Me aburre la monotonía, me daña la confianza. No me importan las banalidades, no soy como esperáis. Inesperada y calculadora a la vez. Nunca sé si soy demasiado mala o demasiado buena, aunque siempre acabo siendo "la bruja con tacón de aguja aliada de Lucifer". De vez en cuando, ya sabéis, pisamos demasiado fuerte y el mundo se parte bajo nuestros pies. Me pierdo cual niña en mis musarañas, esquemas y de vez en cuando hasta en el propio eco de mi voz. Me ahogo en las canciones de amor que nunca llegan, y si llegan no son tuyas. Solo puedo ver belleza, y si no la hay me quedo ciega. Pero a estas alturas -y desde ellas- lo único que tengo claro es que si hay un final quiero que sea entre tus brazos, sin comas que nos separen. Porque aquí donde me veis no soy solo un cuerpo; soy una vida que muy pocos pueden ver reflejada en mis gélidos ojos. Y tú, solo tú te has atrevido a sobrepasarlos, a desearlos, y a querer formar parte de su caótica historia. Así que perdonadme si no puedo ser perfecta y llenar el mundo de sonrisas que no tengo. Perdonadme si solo con él la felicidad tiene sentido. Perdonadme si Diciembre no es Diciembre si no lo consumo y me lo fumo en sus labios. Nunca formaré parte de vuestro mundo pero, ¿sabéis? A veces me encanta pensar que jamás habrá puertas abiertas para que vosotros entréis en el mío. 

Buenas y dulces noches desde el reino de Selene, donde las horas son más largas y a veces hace mucho, mucho frío, pero todo es más intenso y se descubre tras cristales ahumados. 
...Sonrisas rotas, capuccinos, medias de encaje, entradas de cine, arte y solo arte, libros viejos, luces oscuras, antítesis semánticas, pedazos de lo que fue un corazón, cafeína, sexo, azúcar, ropa, zapatos de tacón de 12 centímetros, humo de colores, brillantes...

 
"Dime cuánto tiene de imaginación y cuánto de recuerdo..."
(Shinoflow - Apaga las luces)

jueves, 15 de noviembre de 2012

Recuerda que la nieve solo es agua.

Se acerca el invierno.
Puedo congelarte con el frío de mis manos o derretir tu hielo con mi voz. No sé si alcanzarás a ver mis pensamientos más profundos con toda esta ropa. Quizás debas imaginarme sin ella para poder encontrarme.

No hace frío. Este es el estado natural del mundo, la actitud de las personas fuertes, y mi consuelo. Mi hogar. Solo el hielo me hace sentirme bien en el dolor. Solo con él puedo soportarlo. Al fin y al cabo, él es mi escudo y mi espada al mismo tiempo. Es un secreto, cuéntaselo solo a tus sábanas, para que ellas sean las únicas capaces de desarmarme. Prometo no escaparme, no huiré en retirada ni te responderá mi lado feroz. No allí,  cuando esté en cueros, libre de todo atuendo, sin tratar de impresionar -y sobre todo, de impresionarme-, libre de la presión que sobre mí provoca la rutina, del hastío de mis letras, llena de tus ganas, de cada ínfima porción de tu ser, física o química. No hablemos del frío, callémoslo. Recorre mi geografia más íntima, busca mis ideas escondidas tras mi pálido rostro. Y volviendo al principio, regresará la primavera. 

Nuestra primavera. 
Llévame a la playa, basta de batallas. No puedo seguir viviendo en Siberia. Un día de estos no voy a encontrar el camino para regresar. Me olvidaré del fuego y sus incendios, del mar, las flores de colores, las montañas. Y en mis ojos solo habrán grandes llanuras heladas mientras yo me hundo en su tierra, capa a capa, lentamente. 
Lucha contra mi Diciembre eterno antes de que me arrastre para siempre. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

Drogodependencia.


No sé por qué. Quizá haya sido la discusión de esta noche, o la de ayer. O quizá las ganas de verte que me atraviesan hora tras hora. Quién sabe, quizá sean mis propias dudas de mí misma (y mis fantasmas, como diría un grande). Pero ahora me iría a dormir, escribiéndote "te quieros" en la espalda, admirándola, suspirando mientras pienso que no sería capaz de dejarte ir nunca y eso, en realidad, es un problema. Y me levantaría a las 7, antes de que amaneciera, y te prepararía un café y unas tostadas, y algunas porciones de mi amor. Te daría los buenos días más dulces de tu vida, te sonreiría y después te pediría que te quedaras conmigo todo el día en la cama explorando mis mitades, mis versos, mis entrañas. Y verías, entonces, todo el miedo.
-No te asustes, todo es amor -te diría, arriesgándome a que no me creyeras.
Si te dejo y luego tú me dejas, sería un desastre redundante. Pero sinceramente, creo que ya te he dejado. Más bien, te dejé entrar en mí el primer día que te vi, clavado allí, tan lejos de mí y volviéndome loca. Como si te conociera. ¿Y ahora? ¿Te conozco ahora tras tantas noches de cenas y almohadas? Nunca sé dónde está tu límite y me molesta. Quiero conocer tus coordenadas más profundas, tener un mapa de tu interior y sentir lo que tu sientes. A veces, incluso, desearía que todo tu dolor fuese mío, y sólo mío. Que jamás hubieses llorado a nadie y todas tus lágrimas las hubiese derramado sólo yo. Qué egoísta. Por quererte más que a nada, ya lo ves. Tanto que no sé cómo actuar, todo me confunde. Cuando me hieres quiero desaparecer y quedarme al mismo tiempo. Hace tiempo que no soporto que me duelan, y sin embargo, te comería los labios sin pensármelo dos veces...  No puedo evitarlo, me encanta el exceso de ti, sea cual sea. Soy toda tuya.

martes, 2 de octubre de 2012

Corazones de alto voltaje, galaxias oníricas.


Me senté en aquella silla color blanco roto mientras miraba de reojo tu cuerpo ya acomodado. Crucé las piernas y me limité a escucharte. Cuando terminaste, esperabas una respuesta. Yo esperaba que pudieras pasar por alto todas mis cicatrices: las físicas y las que no se ven. Bajé, sin querer, la vista hacia mi mano izquierda. Qué te ha pasado, preguntaste. Un accidente. Mi respuesta fue escueta y clara. Al grano, me decidí. Expuse sobre la mesa mis intenciones, que, por otro lado, no estaban nada premeditadas. Y detrás de aquella cerveza te quedaste mirándome como si estuvieras soñando, como si no creyeras que alguien pudiese estar pronunciando esas palabras:

-Cuéntame cómo es tu vida en las estrellas, qué tal se vive por Cygnus, si es suficiente la luz de tu astro o todavía quedan demasiados agujeros negros insalvables que te precipitan a la muerte. Dime, ¿cómo huele el universo?, ¿es tan frío como parece? Podríamos dar un paseo, saltando de nebulosa en nebulosa, alejándonos de aquí a millones de años luz y volver, puros y limpios, diferentes.
Podemos hacerlo aquí y ahora: sólo tienes que desear, sentarte y escuchar. Cierra los ojos fuerte, desabróchame la rutina, rompe las pocas medias tintas que me quedan y vayamos volando hacia tu mundo. Quizá allá arriba nuestros corazones de alto voltaje se deshinchen y se unan, reduciendo la tensión, relajándonos. Y otro día, cualquier día cualquiera de cualquier mes cualquiera, yo te mostraré el mío. 





"El día que tú seas una tormenta mis letras serán nubes pasajeras y volarán por encima de ciudades. No te entendía entre fuegos artificiales,no quise hacerte preguntas el día que te tenía más cerca que nunca;  palabras que fueron aviones saliendo, tu vida es como un aeropuerto. Aquella noche había una fiesta en tus ojos,yo no quería perderla. Después de un suspiro el aire que queda, será el huracán que hoy se nos lleva." (Carlos Sadness - El día que hizo más viento que nunca)

martes, 4 de septiembre de 2012

Madrugadas pidiéndote al aire.

Desnuda, en mi cama, pensando en cientos de maneras que tengo de sentirme viva y dándome cuenta, casi al unísono de la voz de Santi Balmes diciendo "Houston, tengo miedo, quiero bajarme de aquí", de que todas guardan estricta relación contigo. Tu nombre y tu voz son, qué casualidad, un mismo recuerdo clavado en mis oídos, sonando, deslizándose cuerpo abajo, hasta llegar a lo más hondo, donde ya nadie pueda verlo. Escondidos, todos nuestros besos, para que nadie me los robe. Encadenados, para que no se esfumen como el humo del incienso que ambienta tu habitación. 

Así que aquí estoy, perdida. ¿Y por qué no? Maltrecha. ¿Diagnóstico? Enfermedad del corazón, o eso dicen. Lejos de la vida, ésa que siempre nos recuerda que estamos de paso. Porque mi vida, sin quererlo y sin buscarlo, eres tú. Y en el centro de esta galaxia inadaptada que es mi pensamiento todo gira entorno a ti sin descanso, sin tregua. Todo me habla de ti. Mi cadera lleva horas gritándole al vacío, mis piernas tratan de enrollarse a tu cuerpo, mis dedos quieren arañarte 'ahora o nunca'. Pero estoy sola, y reitero: perdida. Perdida por el dolor que me causa no tenerte rodeándome con tus brazos, aplastada por el miedo a que te vayas de esta locura que es la mía, la nuestra. Y sí, lo reconozco, perdida entre el amor que siento por ti y todo el amor que tengo adentro y quiero regalarte para que sientas, tan fuerte como yo lo siento, que mis ojos son tus ojos y mis dientes, tus sonrojos. Pero no sé muy bien cómo actuar, si dártelo en pequeñas dosis o, por el contrario, entregártelo todo de golpe, para que te vicies. 

Nunca me gustaron las elecciones difíciles, ven tú y elige. Quítame la ropa y elige si lo quieres todo o si vamos por partes. 

lunes, 20 de agosto de 2012

Deseos insomnes buscando hueco entre tus huesos.

Estoy segura de que en otro universo estaríamos en la misma situación. Mis sueños enredándose en tu pelo, mis ganas clavándose entre tus costillas, mis dedos buscando tu clavícula. Y todo para poder hacer desaparecer el resto del mundo. Sé que si me sumerjo en tus ojos no podré salir jamás, pero no tengo miedo. Nunca tengo miedo si estás aquí. Quisiera poder dibujarte cuando no estás, guardar todos tus susurros y darle al 'play' cuando sólo quede silencio, grabar con una cámara invisible cada vez que me haces el amor para que nunca se me olvide cómo y cuándo lo hacías. Pero sé que sólo puedo disfrutar de este momento, tratando de escribir todas mis palabras en tu piel con silencios y lágrimas de felicidad. Tal vez así, si te marchas, sólo tengas que mirarte al espejo para recordar quién fui. Ojalá pudieses sentir sólo una parte de lo que siento por ti, tan sólo una vibración de mi cuerpo en el tuyo, un latido de mi corazón en tu corazón, o un escalofrío que recorra mi cuerpo con la misma intensidad que el tuyo. Porque ¿sabes?, dicen que la magia no existe, que las cosas no duran para siempre, que no podemos recordarlo todo, que la pasión dura tres años. Pero tú y yo sabemos que la magia sí existe. Tú haces magia sólo con respirar en mi oído, rozar mi pelo o hablarme de lo prohibido. Yo hago magia con mis dedos. Y sé que puedes sentirla. Más allá de todo lo que la gente piensa que significa o creen que es, porque no pueden comprender lo que existe si no lo sienten. Y todo esto sólo tú y yo podemos sentirlo... y no les creo. Desde que apareciste tengo fe en lo imposible, desde que dijiste "sólo sé que estoy bien contigo" dejé de pensar que el amor era sólo dolor y me di cuenta de que podía sentir tanto por alguien que ni siquiera me cabe en el pecho. Deja que te esnife hasta morir, que te bese hasta quedarme sin labios, que te hable hasta que no me quede voz. Deja que te dé lo que nadie te ha dado, que penetre en tu vida y yo seré, ya lo sabes, incondicional. Fúmame hasta consumirme, cumple todos mis deseos, junta nuestros caminos. Ámame. 

martes, 31 de julio de 2012

Barcelona.

No había en toda Barcelona un solo lugar en el que ella no pensara en él. Rodeada de gente prestándole atención todo el día, a penas podía detenerse a meditar. Sin embargo lo tenía clavado en su fuero interno a cada instante, presente como si lo tuviese al lado, cogido de su mano. Las ramblas, atestadas, se borraban de sus ojos. No veía a nadie, sólo sombras oscuras avanzando, a un lado y al otro. Conversaba y reía sabiendo que, en realidad, no se encontraba allí. Quería compartir todo eso con él y su alma se había quedado en aquella cama, con las sábanas medio quitadas, deshecha y mojada de sudor. Las luces cegaban sus ojos, la música resonaba en sus oídos y se decía "si él estuviera aquí, le haría bailar", "si él estuviera aquí, me abrazaría a él y no me despegaría en toda la noche". Restaurantes, pubs, discotecas, playa, coches y más coches, bares, gente, tiendas, los paisajes a través de la ventanilla. Todo giraba lentamente, el reloj parecía haberse estropeado. No entendía cómo no podía estar disfrutando plenamente. "Ni siquiera le entiendes" -se repetía cada vez que colgaba el teléfono- "Te llevas mejor con las ciudades que con las personas, este es tu lugar. Éste, y Madrid, y París, y Roma, y Florencia." Pero no se convencía. Le deseaba sin quererlo, casi sin notarlo, sin darse cuenta, como si él fuese un tatuaje en su piel. Buscaba su figura en cada esquina, en cada habitación, como si de verdad fuese a aparecer de un momento a otro. Se despertaba girándose esperando encontrarlo. Soñaba con sus besos rodando por su espalda, su lengua, ¿dónde estaría su lengua? Sus ojos, ¿a quién mirarían ahora? Su pelo, ¿rozaría algun otro pecho? Y finalmente, carretera. Volvió a la ciudad blanca, al calor asfixiante, a la vida diaria. Todo seguía igual. Caminaba sin rumbo, entreteniéndose con cualquier excusa, mirando el reloj, siempre mirando el reloj. Pulía las calles con sus zapatos, se engalanaba de arriba a abajo. Tenía que estar perfecta. "Por si acaso viene y me sorprende", pero él no venía y al acabar el día sólo le quedaba un maldito teléfono en el que escuchar su voz a 600 kilómetros de distancia. Se le congelaba el corazón con cada sílaba y cada sílaba le parecía peor, fuera de lugar, cruel, mordaz. Celos y tristeza en solo unos instantes y callaba, por no llorar, por no gritar. Era pésimo su estado, no era capaz siquiera de desabrocharse el vestido sin sus manos. Y ciertamente, no le gustaba sentir tan fuertemente que le necesitaba para todo.
"Le regalaré una brújula para que encuentre siempre el camino hasta mí" -pensó.