Tengo tanta vida como ganas de besarte. Y hay aquí tanta luz
que me molesta, quiero la noche para verte entre las sombras. Tu olor pegado a
mi cuerpo no se desprende y me pide que vuelvas. Todo lo que hago o pienso se
rebela contra mí porque no estás. Si tuviera un solo instante me descolgaría
ventana abajo y correría a tu encuentro. Pero he de estar en esta prisión de
alta seguridad todavía unos días más, y cada día que pasa me reconcome el
pensamiento más y más qué estarás haciendo.
No sabes cómo me gustaría llegar y descubrirte entre mis sábanas, o en
la bañera lleno de espuma mirándome con tus ojos de gato herido. Uno de tus
besos en mis lágrimas y todo el mal se iría tan deprisa como vino. Uno de tus
besos en mis labios y sentiría al temor disiparse. Una de tus risas en mi oído, traspasándome el
corazón y pinchándome las costillas. Sólo eso necesito.
Nos enseñaron un amor que no lo era. Un amor cobarde y cruel. Perdimos la inocencia creyendo en su eternidad y caímos en el abismo cuando vimos la fugacidad entrar por la puerta. Todavía hoy, si recuerdo ese amor siento la decepción. Las cicatrices de mi cuerpo son el testigo imborrable de su mal. Siempre tan podrido, siempre tan inmenso. Pero se fue, desapareció entre los muros de aquel hospital. Y nunca imaginé lo que me esperaba detrás. Un hombre de verdad, al fin, al que enseñar a amar y con quien aprender a amar. Todo ha ocurrido tan rápido que me cuesta asumir que sólo pueda desear tu cuerpo tendido a mi lado. Para qué mentir, tuve ilusión desde el principio... Y era tanto lo que sentía que sobrepasó todo lo demás y fue creciendo. Y me encanta porque no me duele, me encanta porque no me hieres, porque me llenas de pasión y de paz al mismo tiempo. Sólo cerrar los ojos y recorrer tus venas con mis dedos y siento que el mundo se transforma, paso súbitamente a otra dimensión... Toco las estrellas e incluso respirar se me hace diferente. No sé dónde has estado todo este tiempo, no entiendo por qué hemos tenido que pasar tanto para encontrarnos pero eres todo lo que quiero. Quiero llenar mi vida de momentos contigo y de momentos sin ti echándote de menos. Quiero que llegue el día en que pueda despertar y tenerte sin horarios, toda la mañana, toda la tarde, toda la noche. Aunque pasemos la jornada devorándonos, aunque el mundo explote fuera... Te quiero a ti, tal y como eres. Y por primera vez en mi vida, no hace falta cambiarte nada.
"No, you'll never be alone. When darkness comes I'll light the night with stars...Hear the whispers in the dark. You feel so lonely and ragged, you lay here broken and naked. My love is just waiting to clothe you in crimson roses. I will be the one that's gonna find you. I will be the one that's gonna guide you. My love is a burning, consuming fire."
Puede que el problema sea que el concepto "reciprocidad" no sea real. Puede que sea que es más fácil enamorarse del reflejo del espejo que de quien te susurra en la nuca. Puede que sea mejor esclavizar. Puede. Pero también podemos, por qué no, probar a jugar a los dados y morir enganchados. Suerte, o maldición. Enganchados a una droga que te seca los labios mientras te llena las manos. De piel. Y que los dedos salten de centímetro a centímetro y la fuerza de tu cuerpo me estampe contra la pared al mismo tiempo que tatúo mis uñas y mis huellas en tu espalda. Y sentir que desde el carmín de mis labios a tus omóplatos no hay distancia. Y dejar que el deseo se me coma porque la magia que te sale de los huesos arrasa con tus ojos a mi corazón y emborracha todos mis sentidos para que las cosas pasen, precisamente, a no tener sentido. Desentender lo que entiendo para entender lo incomprensible de tus miradas, sonrisas y palabras calladas. Y con cada uno de los besos deshacer los nudos de la opresión y dejar que la lluvia borre las calles.
Em cremes la pell amb les mans, amb els dits, amb la carn. I quan les meves recorren les teues venes puc sentir-hi la sang, i tanque els ulls i m'imagine que sóc jo qui et fa sagnar, que sagnes perquè estic amb tú, que respires perquè hi sóc al teu costat. I la por, que m'arrossega quan no esàs desapareix al primer cop de vista. Per què serà? Em repetisc: "no t'hi enamores". Però, com no fer-ho? Si em perc a les teus mans... Si em desarmes, desfas tot el gel d'enderredor i hi intres a l'interior, a mi, al que sóc sense la careta. Amb tú no hi ha disfraç, semble aigua, derretida i transparent...
"I was a quick, wet, boy, diving too deep for coins,
All of your streets light eyes wide on my plastic toys,
Then when the cops closed the fair, I cut my long, baby, hair.
Stole me a dog-eared map and called for you everywhere..
La lluvia me llama. Puedo oírla a través de las ventanas, puedo oírla como si estuviese en la calle mojándome de lleno. Me hace recordar, me lleva atrás. Un relámpago acaba de iluminar la habitación, y yo sigo recordando.
Noche oscura, luna llena, en lo alto de una ciudad que nos ahoga, que nos martiriza con sus problemas, con su gente, su non-stop. Pero en aquel momento todo estaba quieto, sólo se oía el rumor de los grillos cantando a las estrellas. Recuerdo que te hice cerrar los ojos, saqué el cava y el juego y todo comenzó a rodar.
El juego preguntaba cuál había sido tu mejor noche, tu mejor sueño, tu mejor amor, tu mejor beso. En la mayoría de las respuestas siempre estaba yo y, a cambio, yo te regalaba un sorbo de cava o un bombón. Cuando me tocaba el turno siempre querías que te diese el bombón que me correspondía. Te acercabas, como si fueras un depredador en busca de su presa. Era casi imperceptible pero la postura de tu cuerpo cambió, tensaste los músculos. Yo trataba de mantenerme inerte, distante. No quería forzar, pero las piernas me temblaban y no sabía si era el frío o el amor. Me quitabas los bombones de las manos y al final, cuando metí uno entero en mi boca te acercaste a mis labios y los devoraste. El chocolate pasaba de una boca a otra, dulce, caliente. Pero se acabó y tu seguiste besándome. Te dije "no" y te levantaste. Te lanzaste a mi cuello, a mi oído, lamiéndolo suavemente, susurrándome, atrayéndome. Volviste al sitio y me hiciste levantarme, me besabas con ansia, con pasión.
-Esto no puede estar pasando.
-Te echo de menos. -dijiste seguro, firmemente.
-¿A mí o a mi cuerpo?
-A ambos.
Mi cara cambió, estaba oscuro pero sé que pudiste ver la sombra que la cruzó.
-Era broma, a ti tonta.
Dijiste el "tonta" como cuando estábamos juntos, como cuando te decía que era fea y respondías "eres preciosa, tonta" o como cuando te decía que no me querías y tú contestabas "te amo, tonta".
Volví a besarte, te deseaba y yo sabía que tú me deseabas. Tu mano bajó por mi vientre. Negué con la cabeza y dijiste "no voy a hacer nada". Mentiste, seguiste bajando. Volví a negarme y tu voz susurró un: "¿crees que si esto no estuviera funcionando lo estaría haciendo?". Mi alma se llenó de esperanza. Estaba funcionando, te estaba haciendo sentir. Había algo ahí, dentro de ti, que quería lo que yo quería. Y lo sentí. Y sucedió. Me cogiste de la mano y me arrastraste hasta la oscuridad, donde nadie pudiera vernos. Encima de ti todo parecía tan fácil como siempre, tan inexplicable como siempre. Sentirte dentro de mi fue una bendición, una llama en lo más profundo ardía y ardía. Tenía ganas de susurrarte que te amaba pero no quería, no estaba bien.
Y dos días después, volvió la realidad. "No te quiero, no siento nada por ti". Mentira, mentira cochina. Lo sentiste, yo sentí que lo sentiste. Hubiese pagado por haberme quedado allí para siempre, en las alturas, sin más preocupaciones que el frío de la montaña que desaparecía con cada roce de tu cuerpo con el mío. Y ahora la lluvia, me empaña la mirada. Mi vida parece un esbozo medio borrado por el agua. Quizá esta lluvia te recuerde a mi, quizá te recuerde aquella noche en mi casa cuando me propusiste bajar a mojarnos completamente. Te dije que no, pero ahora te diría un sí rotundo, siempre y cuando me abrazaras para curarme el frío.
"Fui yo quien dijo no y ahora, en la misma mesa, Se me enfría el café mientras dices que te va bien. [...] Y ahora, cansado de mirar tu foto en la pared, cansado de creer que todavía estás... He vuelto a recordar las tardes del café, las noches locas que siempre acaban bien... Y me he puesto a gritar, estrellando el whisky en la pared, por verte sonreír, he vuelto yo a perder."
Las palabras rebotan en mi mente. Me desgarran las entrañas, provocan arcadas, me diluyen la mirada. Ya no sé si el tiempo pasa o se ha detenido. Ya no sé si queda tiempo. A veces creo que realmente morí aquella noche, desde luego para ti sí. Los recuerdos me cruzan la mente, uno tras otro. No puedo dejar de pensar en tus ojos, aunque la última vez que los vi estuviesen teñidos de frío. Casi puedo sentir tu primera mirada aquí y ahora, casi puedo viajar hasta tantos años atrás y quedarme en aquella calle esperando tu llegada. Casi puedo notar como alzo los ojos y se cruzan con los tuyos. Nunca he sentido nada parecido al ver a alguien por primera vez, sentí que te conocía. Sentí que tú eras la pieza del puzzle. Sólo una mirada me dijo todo eso. Años después, cuando te acariciaba casi sin tocarte con las palmas de mis manos mientras practicábamos sexo tántrico, sentía aquella conexión fluyendo. Estaba ahí, en la habitación, contigo y conmigo. Quería transmitírtela, quería enseñártela. Igual que aquel día en la playa, tumbados sobre la toalla. Me hubiese quedado allí una eternidad, el resto de mi vida. Quise llorar al mirarte, tan bello, tan perfecto. Algunas veces lloraba mientras hacíamos el amor. Siempre traté de que no te dieras cuenta, pero lo hacía a menudo. Lloraba de pura felicidad, de puro éxtasis. Mi cuerpo se llenaba de ti, de tus besos en cada porción de él, de tu ser. Y todo lo que me hacías sentir era indescriptible, mágico. Siempre supe que nunca sentiría nada igual, siempre. Siento habérmelo negado a mí misma, y siento habértelo negado a ti. Siento todo lo que ha pasado, todo lo que te he hecho, todo lo que me has hecho. Estoy luchando por perdonarte, sólo así encontraré la paz. Pero en realidad, ¿de qué me servirá perdonarte si para ti he muerto, desaparecido? No tiene mucho sentido, ya lo sé. Pero rezo, rezo a todos los dioses en los que no creo, rezo al universo, a la madre Tierra, a todos. Rezo para que algún día en tu camino te pares y mires atrás y sientas la conexión, el aleph. Para que sientas que, cuando estábamos unidos, todos los puntos del universo se unían. Rezo para que ese día vengas corriendo, me mires a los ojos y no me digas nada en palabras. Sólo tu mirada. Cálida y penetrante, como aquella primera vez. Como tantas noches y tantos días después, como tantos amaneceres. Limpia, limpia de rencor y de dolor. Una mirada de amor puro. Sé que es improbable que eso ocurra, imposible. Sé que ni siquiera leerás esto, pero no importa, no importa. Si nunca vienes, yo siempre me quedaré en aquel momento, en aquella fracción de segundo. Cuando la vida me arrastre con ella por fin, lo único que pensaré será aquel instante, aquella pieza del puzzle, incluso aunque tú hayas querido dejarlo incompleto para siempre.
"Esos ojos me dicen cosas que ni siquiera sabemos que existen pero que están ahí, listas para ser descubiertas y conocidas sólo por las almas, no por los cuerpos. Frases que son perfectamente comprendidas aunque no sean pronunciadas. Sentimientos que exaltan y sofocan al mismo tiempo."
Ella se miraba los brazos llenos de cortes y arañazos. No había sido capaz de cortarse bien, le faltaban fuerzas. ¿Hasta cuando tendría que estar magullándose para mitigar el dolor? ¿Cuántas noches más tenía que pasar en vela? ¿Cuántos ataques más? ¿Cuántas pesadillas le quedaban? Las cosas no podían seguir así. Le hubiese gustado ponerse a gritar en aquel mismo momento, o tomarse aquellas pastillas en las que tanto había pensado. Pero se repetía una y otra vez que tenía que ser fuerte, que eso era lo que él quería, verla destruida y amargada y que no pensaba servirle su cabeza en una bandeja de plata. Había momentos en que las fuerzas para seguir venían, sobretodo acompañadas de palabras de otras personas que la animaban y le decían que no valía la pena. Pero las noches eran largas, largas y frías. Y si se sentaba en el suelo con un cuchillo en la mano mientras trataba de respirar lo único que podía hacer era intentar que el dolor interior se fuera gracias al dolor físico. A veces lo conseguía. Era consciente, sin embargo, de que su madre no tardaría en darse cuenta de que cada día comía menos y de que hacía constantes visitas nocturas al baño y a la cocina. Y tenía miedo de que ese momento llegara. No quería que le volvieran a decir que estaba loca o que tenía depresión. No le hacían falta médicos para decirle algo así. Eso ya lo sabía. Y no quería pastillas, no quería que le dieran pastillas porque si se las daban era capaz de tomarse la caja entera de golpe. Sólo quería paz, sólo buscaba paz, pero sabía que el odio seguía fluyendo por sus venas, ardiendo y ardiendo sin cesar. Y lo peor era que no estaba segura de dónde iba a meterlo si seguía creciendo porque a ella, ya no le cabía más.
Hasta aquí hemos llegado, hasta este punto exacto y yo, no sé dónde estoy. Rabia, temor. Eso siento si pienso demasiado. Por ello prefiero dormir antes que pensar, pero incluso durmiendo mi mente teje historias que luego olvido por completo pero me dejan un amargo sabor en la boca. Sabor agrío, cargado de preguntas. Vicio, malestar, costumbre. Quién sabe. Sólo sé que me arden las venas al pensar que puedes desaparecer, al pensar que si te quedas todo se quemaría otra vez. ¿Solución? No la hay. ¿Respuesta? Tampoco. Y sin embargo, si sigo pensando descubro que no te quiero a ti, quiero otra cosa. Más dopamina, aire, experimentar, cambiar. Un montón de besos fortuitos que no signifiquen nada pero que digan mucho. Un montón de verdades escondidas detrás de unos ojos profundos, alcanzables. Un montón de él. Si pudiera, si eso fuera posible, iría a hundirme en el torrente de sus palabras, que afloran sin cesar ordenadas, una tras otras y a penas sin espacio de tiempo para dejarme imaginar otra cosa que no sea él mismo mientras mi cuerpo sin orden ni concierto muestra espasmos que soy incapaz de controlar, tales como medias sonrisas o el movimiento agitado de mis dedos sobre la mesa. Y volvemos al punto inicial. Caminos, sentimientos contradictorios, miedo, cariño, desesperanza. En días como hoy me encantaría arrancarme el cerebro de la cabeza para que dejara de dar vueltas a cada maldita posibilidad, a cada sencilla razón por la que quiero y no quiero.
"De tan grande es demencial, no detecto una señal, nunca encontraré el lugar donde al fin me entienda. [...] No volveré a hacerlo más, no he encontrado respuestas. ¿Y si no regreso jamás y este ruido no cesa? Mundos que van a estallar si mi vida está opuesta. Y yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta."
(Love of Lesbian - Universos Infinitos)
De repente me encuentro calculando distancias entre tu cuerpo y el mío.
Tus manos, cercanas, rozaron las mías por unos segundos. Podrías haber notado la sangre correr si te hubieses detenido presionando un poco más. Sólo un poco de cercanía, quizá, hubiese sido perfecto. Todavía puedo notar tu mirada clavada en mi clavícula, tus ojos deseando tocar con las pestañas los huesos que sobresalen. Puede que tú también te dieses cuenta de las ganas que tenía de poner mi dedo en tus labios y hacerte callar. Soy un poco salvaje, mi mente hilvanaba unos pensamientos con otros mucho menos decentes al compás de todas tus palabras. Y sin embargo, no dejé de prestarte atención. Te sentía en cada letra que escupías, me dejabas ver todo tu ser. Sincero, simple, lleno. Ideas y más ideas. Y ahora, pensándolo bien, ideas... de ésas tengo muchas. Trato de pensar sobre las cosas realmente importantes, sobre todas esas cosas que me enseñaste, pero ya no puedo. Me bloqueas, me deshaces, me desnudas con esa sonrisa medio apagada. Ya ves, la he vuelto a liar. Mi intuición femenina me dice que hay algo detrás de ti, algo que insinúas pero no dices. Algo que, quizá, signifique lo mismo que yo trato de decirte con cada una de mis miradas. Tengo curiosidad, podría equivocarme... y de día suelo pensar que lo estoy, pero cuando llega la noche imagino lo ideal que sería que fuera cierto. Lo perfecto que sería juntar mis labios con los tuyos y dejar que el tiempo pasara, se escapara, volando hacia otro lugar. Sin dolor, sin pensar, sin más. Porque no nos engañemos, pasar tiempo contigo es colocarme de dopamina. Hasta arriba. Pero, siendo sincera, me importaría muy poco morir intoxicada, llegar a la ataraxia o al Nirvana. Así que, atrévete, elévame, susúrrame al oído y todo estará hecho. No necesito más, puede ser tan fácil como intenso y si me dejas, yo puedo subir tu frecuencia cardíaca a doscientos por minuto.
Nos empeñamos en conocer a quien no quiere conocernos, nos obcecamos en conseguir lo que no podemos tener, nos obsesionamos con metas inalcanzables, esperamos que los demás hagan lo que nos gustaría que hicieran. Absurdos humanos. Al final siempre acabas cayendo en la cuenta de que no vale la pena, de que lo único que vale eres tú mismo porque los demás, todos, antes o después, siempre te fallan. Incluso tú mismo te fallas, pero por lo menos sabes que no puedes dejarte solo, que siempre vas a estar ahí para secar tus propias lágrimas y que cuando los demás te ignoren, cuando te humillen, cuando te infravaloren, tú estarás ahí para recordar que tienes que levantarte. No esperes nada y si puedes, amate más a ti mismo que a los que te rodean. Prepárate para los golpes, porque vendrán de todos los lados posibles. Construye tu escudo con cada gota de sangre que derrames, con cada porción de ti que quede destruida y si caes, piensa que lo mejor de caer es alzarse.
Yo, no me arrepiento de haber tenido sangre en las venas. No me arrepiento de que mi sangre ardiera por ti, De lo que me arrepiento es de no haber apagado el fuego a tiempo, antes del incendio, antes de quedarme reducida a cenizas otra vez. Pero no, este no es mi final. Aunque os empeñéis en torcerme el camino, en llenarlo de piedras. Yo seguiré caminando. Adelante, siempre adelante.