miércoles, 6 de octubre de 2010

Time goes by...

-Verás, querida... yo sabía que se iría. Sabía que una mañana me levantaría y se habría marchado, que no dejaría nada, ni si quiera su olor, ni su corazón, ni sus sueños, aquí conmigo. Me dejaría sola, vacía, rota y desamparada, sin saber qué hacer ni a dónde ir. Sabía que podía volver, de repente, una noche, sin palabras. Que no daría explicaciones, que sólo querría remojarme su recuerdo y exprimirme un poco más el alma. Sabía que volvería a irse, dejándome tirada otra vez, como un trapo sucio, como si fuese una de esas cámaras de usar y tirar. Hacen buenas fotos y cuando las necesitas te alegras de llevar una encima, pero una vez usadas ya molestan, y hay que tirarlas.
-¿Entonces, por qué no lo evitaste? ¿O por qué cuando volvió no le rechazaste?
-Porque también sabía que llegaría el día en que se pararía a pensar, en que su cabeza se detendría de repente y echara de menos. Sabía que echaría de menos mi poesía, mis arranques, mis ganas de hacer cosas planificadas de antemano y de dar sorpresas que se me acaben de ocurrir, mis palabras dulces en el oído y mis frías manos acoplándose a mi cálida voz. Sabía que lo echaría tanto de menos y tan de repente, que regresaría, esta vez con la intención de quedarse, con la intención de pedir perdón e intentar resucitar ese amor. Lo que él no sabía, y de lo que yo tampoco estaba segura, es de que ese día podía ser ya, demasiado tarde.

viernes, 24 de septiembre de 2010

240910

Al principio creí que eras un ángel caído, un sueño, una experiencia religiosa. Creí ver la perfección personificada, la proporción, los detalles. Pasó el tiempo y descubrí que tenías grietas, tantas, o más que yo. Veía filtrarse el agua por entre tus recovecos, como si tu cuerpo fuese un esqueleto resquebrajándose. Veía los errores. Y cuando me miraba en el espejo veía, veía mis heridas. Las puñaladas. Aquellas que tú me dabas sin cesar, una tras otra... y que yo me encargaba de subsanar rápidamente, para dejarte hueco para que siguieses clavando más cuchillos. Tu luz me cegaba, quería ansiosamente unirme a tu vuelo, quedarme contigo para siempre. Quería hacer cosas estúpidas de enamorados. Quería la vida eterna, para compartirla contigo. Quería y quería, y ansiaba, y soñaba y volvía a soñar. Nunca me detuve a pensar en lo que decían los demás, nunca escuchaba cuando decían "eres muy joven" , "te está haciendo daño" , "no podéis seguir así". Los ignoraba. Pensaba que ellos no entendían mi concepto del amor, pensaba que no eran capaces de comprender la magnitud de mis sentimientos, que eran unos imbéciles y que me importaba una mierda si me entendían o no. Pero qué lejos estaba de la realidad ... a demasiados años luz. Lo nuestro nunca fue sano, siempre estuvo maldito. MALDITO. Siempre fue demasiado fuerte, demasiado arriesgado, demasiado en definitiva. No era puro... y aunque no me arrepiento de nada, hoy puedo decir, que me alegro de que se haya acabado.

jueves, 16 de septiembre de 2010

El sueño que se convirtió en pesadilla.

Olvidarte. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve. Nueve letras. Parece corto ¿no? Parece rápido. ¿Pero cómo se olvidan tus manos? ¿Tus caricias? ¿Cómo se borra todo? ¿A caso hay un momento en el que dices: “sí, lo he olvidado”? ¿Es así? ¿De repente?
Cuando todo esto empezó a caer, sentí que debía alejarme mentalmente. No quería colapsarme. No quería sentir la ansiedad, la asfixia, otra vez. Intenté distraerme... pensar en otras cosas, hablar con la gente, salir, reír. Hacer como si no pasara nada. Como si todo fuese bien. Disimular, o mentir, o fingir, tal vez. Lo conseguí, pero sabía que al final todo iba a explotar y que la nube negra me sumiría en un tremendo caos. Que lloraría y sentiría un maldito vacío en mí. Una carencia. Y al fin, ha ocurrido. El espejo ha sido el testigo de mis lágrimas, de mis palabras de rabia, de mi confusión, de mis ganas de morirme, de mis ojos asustados, de mi sonrisa borrada, de mi corazón detenido. Sobre todo eso, se ha detenido. Ya no estarás. No estarás para abrazarme cuando se me derrumbe el mundo, no estarás para recordarme lo mucho que te gusto, no estarás para verme seguir creciendo, para felicitarme por mis éxitos, para apoyarme en mis fracasos. No estarás para calmar mis nervios, mi odio, mis desilusiones. No estarás para mirarme a los ojos y decir que me amas. No estarás, no existirás y yo me sentiré muy sola. No oiré tu voz, no podré llamarte, no podré llegar a casa y contarte todo lo que me ha pasado, no te veré nunca más en mi cama, nunca más sobre mi almohada. No me harás derretirme. No besarás mis labios. No me susurrarás. No lloraré de felicidad. No pensarás en mí, encontrarás a otra que te haga sentir... y yo moriré. No podré cogerte de la mano por la calle, ni contestar un “sí, por supuesto” al “¿pero todavía estáis juntos?”. No podrás hacerme reír. No habrá sentido para mi vida. No tendré futuro. No me casaré en Kenya. No viviré en la casa de mis sueños con el hombre de mis sueños. No vendrás, no volverás. Y me duele, joder. Como nunca. Y sé que me dolerá más, cuando pasee por los lugares donde hemos estado, donde nos hemos besado, abrazado, reído, hablado, sentido, amado... y ya no estés a mi lado.
Parece ser... que esto no es más que el sueño que se ha convertido en pesadilla.



Pido disculpas si no contesto los comentarios o no me paso por los blogs que sigo habitualmente. Espero que entendáis que no tengo demasiadas ganas. Gracias por los que me leéis y comentáis de todas maneras.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Depresión del día 5.

-¿Dónde estás? -repetí, esperando oír una respuesta cercana.
¿Dónde estás? ¿Dónde queda? Todo aquello... parece que todavía puedo oír las risas, aquellas que creímos eternas. Parece que todavía veo tu cuerpo pegado al mío sobre la cama. Los recuerdos pasan, deprisa, uno por uno, lejanos, intangibles. Las lágrimas me resbalan por la cara mientras intento parar en uno de ellos, o quizá retroceder en el tiempo y volver a vivirlo... pero sigo oyendo el maldito tic-toc del reloj, que no cesa y me castiga. El tiempo. Qué curioso, nunca pensamos que se nos fuese a acabar, nunca tuvimos en cuenta que, quizá, existía la posibilidad de que las cosas no funcionaran. Y ahora todo se diluye y en mi mente vuelve el vacío, que no es ni blanco, ni negro.

sábado, 24 de julio de 2010

02.08.1992

No había visto nunca una casa como aquella. Ya por fuera daba escalofríos. Era oscura, oscura como el aura de negror que los árboles quemados y caídos esparcidos daban a su alrededor. Entré despacio, esperando oír un chirrido de la puerta como en las películas, pero no, no emitió sonido alguno. Por mi mente pasó algo así como "debe ser una casa fantasma". No había nada de luz, sólo un poco de claridad que entraba por las enormes ventanas situadas en las dos paredes laterales. Era todo tan fúnebre que creí que estaba totalmente dentro de una pesadilla. Olía a podrido y los tablones de madera del suelo se movían a cada pequeño y temeroso paso que daba. Decidí subir las escaleras, unas escaleras enormes que ocupaban casi toda la estancia y estaban colocadas en el centro. No sabía muy bien qué hacía allí dentro, ni qué esperaba encontrar, pero había algo... algo allí que me atraía. Me sentí como una oscura princesa vagando por entre el mundo de los muertos al subir las escaleras. Mis zapatos negros no hacían más que concordar con aquella casa tan negra. Pasé los dedos por la barandilla y descubrí que no había nada de polvo. Lo cierto es que aquello me dejó helada. A simple vista todo parecía sucio, pero no lo estaba. Intenté tocar una telaraña situada un poco más arriba de donde había pasado el dedo, pero cuando el dedo se acercó a ella despareció. Preferí hacer caso omiso a todo aquello y seguir subiendo hacia arriba. Él me llamaba. Estaba cerca. La sangre me fluía rápida por las venas, tan rápida como podía fluir sin que me diese un ataque al corazón. Por fin, había subido todos los peldaños. Esperé encontrarme con una sola habitación con muebles cubiertos con finas sábanas de seda blanca pero lo que encontré fue bastante diferente. Aquello era un pasillo, lleno de puertas de madera vieja. Tenía que abrir alguna. Conté cinco desde la del centro y hacia la izquierda y me encaminé a ella. Al abrirla, un resplandor de luz tan fuerte como el propio sol me cegó. En cuanto mi vista me lo permitió, miré hacia arriba esperando ver un agujero en el techo o algo así, pero sólo vi un techo viejo, sin ningún agujero, pero con pequeñas grietas. La luz procedía de otro lugar. Procedía del centro de la estancia. Y allí había un niño. Estaba en el suelo, desprotegido y sin nadie que lo cuidase. Estaba solo, solo en aquella casa mugrienta y pestilente. Pero él parecía tan limpio y tan bello como un ángel; la luz propia emanaba de él. Fui corriendo a cogerle, pero entonces, desperté.
Cada 2 de Agosto se me repetía el mismo sueño, cada 2 de Agosto hasta que encontré al niño, que ya no era tan niño. Seguía pareciendo un ángel, aunque sin alas. Sus ojos verdes eran inhumanos, imposibles, y la luz de su cara, su palidez, su belleza era casi irreal. Casi tanto que me daba miedo tocarlo por temor de que se rompiese.

sábado, 17 de julio de 2010

En el corazón de Kenya. (un pequeño adelanto)


Jambo!
Anoche se puso a llover, estaba bastante confuso por todo lo que había ocurrido y quise despejarme de alguna forma. Necesitaba ver las gotas de agua chocar contra el río, oír el sonido. Corrí entre las acacias y las hierbas altas, como un león... y de repente, creí estar soñando. Una figura pálida totalmente desnuda dejaba que la espuma del pelo le cayese cabello abajo. Era tan largo que llegaba hasta su cintura redondeada. Perfecta. Se movia sensualmente bajo la lluvia y yo no pude apartar los ojos de ella. Quise con urgencia tocarla, acariciarla, observarla de cerca. Sentí que quería tomarla. Era Ayla. Cuando se giró, tuve que esconderme más. Pensé que debía marcharme, que lo que estaba haciendo no estaba bien, que era una traición.. pero sus ojos, me hipnotizaron. Bajo aquella luna parecían todavía más verdes, más espectrales y más llenos de vida a la vez. Un halo de misterio envolvía su cara y su cuerpo al desnudo por delante era todavía más bello. No pude, por más que quise, moverme del lugar en el que estaba. Volvieron a mí las dudas que me habían surgido ya antes... ¿Qué era lo que estaba sintiendo? ¿Sabría ella explicarlo? Pero, de todas formas, presentí que las respuestas no iban a ser buenas.
Imagen de: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj25JOXdvBEo3El4b0JaLEbgYvOCRqbduyC2ZmV0QCLUpVKWVwdLpkJhr_ZjNXn_oPMX6XxTJ6p9DRHsWFIXj-V5nEbYjL3BzzRFekqaHFlI4SP8ozeEDJ0acv_9UeK6a-J226cvS36NBE/s320/masai+sunset.jpg

domingo, 13 de junio de 2010

Simple.

Y me gusta pensar que mis manos van a seguir atadas a las tuyas hasta que las cuatro esten tan arrugadas que nos duela mantenerlas cogidas.

sábado, 12 de junio de 2010

Claire.

Claire caminaba por el asfalto con sus converse desgastadas. Desgastadas y grises. Miraba al cielo cada dos segundos, esperando ver una gota fría caer sobre su cara. Tan fría como el hielo. Sí, eso quería. Necesitaba que el entorno se adaptase al ritmo de su corazón hecho trizas. Por aquel entonces, en la Villa todavía nevaba, y Claire guardaba una pequeña esperanza. Quería que nevase como nunca, y quedarse atrapada en su casa. Sin duda, su tendencia suicida había salido a flote tras su nuevo desengaño. Todavía con 17 años, ya sabía qué quería. Ya se había marcado unas metas. Sin embargo, cada vez que intentaba algo, fracasaba. Su vida parecía complicarse por minutos, y nunca sabía salir de las malas situaciones. Le gustaba castigarse por sus errores, aunque no se provocaba dolor, no más del que llevaba por dentro. Se obligaba a no dormir por las noches si se equivocaba en algo, a ayunar por las mañanas y a correr durante 3 horas alrededor de su casa. Sus padres gritaban que estaba loca. Rompía papeles, collares e incluso ropa cuando sentía que no podía más. En una ocasión llegó a quemar su osito de peluche. Pensó en todo lo que había ocurrido durante los últimos años: la muerte de Alissa, sus malas notas, su poco éxito con los amigos, la muerte de su abuelo, su desastrosa imagen que parecía cada día más castigada...
-Disculpa, ¿te he hecho daño? -preguntó una voz que parecía estar muy, muy lejos.
Claire levantó la cara y aclaró su visión medio empañada y descentrada. Vió a un chico. Bueno, vió al chico.
-¿Hola? -repitió esa voz.
-Eh... yo, eh... ¿qué ha pasado?
-Te he arrollado con la bici. Estás en el suelo. ¿Te encuentras bien?
Claire quería gritarle que no, que por supuesto que no estaba bien. ¿Cómo iba a estarlo? Si toda su vida era un desastre.
-Venga, te ayudo a levantarte.
-Gracias -balbuceó ella cuando ya estaba en pie, aunque se sentía exactamente igual que en el suelo.
-Oye, perdona pero, ¿te pasa algo?
Claire calló. Optó por ello. Al fin y al cabo, era un desconocido. No es que si hubiese sido conocido hubiese ayudado, claro está. Ella nunca contaba nada a nadie. Nunca confiaba en nadie.
-Nunca he visto unos ojos tan tristes... No podré olvidarte si sigues mirando así.
Claire sonrió. Hacía tanto tiempo... tanto tiempo que no lo hacía, que casi le pareció que su sonrisa estaba llena de telarañas y polvo y que, seguramente, el chico se habría dado cuenta y saldría corriendo de allí. Pero lo que el chico vio fue diferente.
-¡Vaya! Si sigues sonriendo así, me enamoraré de ti para toda la vida.
En aquel momento, un viejo sentimiento de seguridad se apoderó de la chica. Nunca supo de donde había salido, pero no iba a arrepentirse. Lo había encontrado muy dentro, enterrado y aquel, justo aquel era el momento de sacarlo. Confió. Eso es. Por una vez, confió en alguien. Y ese alguien era ella misma. Se acercó a él en una milésima de segundo y le plantó el beso más dulce que jamás hubiese soñado.
-Me llamo Kai, ¿quieres casarte conmigo? -dijo el chico cuando ella se apartó.

sábado, 29 de mayo de 2010

QVOD NON ME VINCIT, FORTIOREM ME FACIT.

De vegades ens trobem front alguna dificultat que ens mosega el cor, que sen's el menja i el destrueix per dins. I precisament ho fa perquè ens ha pillat desprevinguts, perquè mai esperariem una traició d'eixe tipus d'una persona en la que confiàvem. Però, com va dir Abraham Stoker, del fracàs s'aprén, no del èxit. La vida es aprendre, pas a pas. La vida és caure i alçar-se constantment. La vida és trobar una raó que ens faça no oblidar que la tenim. I per això, i ara sí, c'est finí. S'ha acabat ser la més débil, la que tot el mon puga atacar perquè sap que no fa res més que plorar i plorar i tornar a plorar. És l'hora de pensar en MÍ, de somriure, de ser llum, de no deixar que ningú m'arrebate el que tinc i el que sóc. Perquè hi sóc. Perquè no ho haveu conseguit. Perquè encara en queden, de guerres, i jo seré ací, just ací, per combatir-les totes. I sobretot, per guanyar.

................................................................................................

A veces nos encontramos frente a alguna dificultad que nos muerde el corazón, se se lo come y lo destruye por dentro. Y precisamente lo hace porque nos ha pillado desprevenidos, porque nunca esperaríamos una traición de ese tipo de una persona en la que confiábamos. Pero, como dijo Abraham Stoker, del fracaso se aprende, no del éxito. La vida es aprender, paso a paso. La vida es caer i levantase constantemente. La vida es encontrar una razón que nos haga no olvidar que la tenemos. Y por eso, y ahora sí, c'est finí. Se acabó ser la más débil, la que todo el mundo puede atacar porque sabe que no hace nada más que llorar, llorar y volver a llorar. Es hora de pensar en MÍ, de sonreír, de ser luz, de no dejar que nadie me arrebate lo que tengo y lo que soy. Porque soy. Porque no lo habéis conseguido. Porque aún quedan guerras y yo estaré aquí, justo aquí, para combatirlas todas. Y sobre todo, para ganar.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Bite me the veins.

Supe desde un principio que eras diferente, que no seguías el orden natural de las cosas. No sé si fue ese halo de misterio que te envolvía o tu sonrisa cautivadora. O quizá, quién sabe, quizá fue el destino.
Aún recuerdo aquella noche con la misma intensidad que hace dos cientos años, y todavía hoy puedo sentirte respirar en mi cuello. Besabas tan bien... tan bien que llegué a pensar que eras un ángel, o un demonio. Era excelente, maravilloso, único, irrepetible.. y un montón de adjetivos más que no se han inventado a estas alturas. Me deshacía con cada caricia, con cada roce simple e incoherente de tu cuerpo contra el mío. Con lo más mínimo. Con el más leve de los susurros. Aquella precisa noche, aquella que tantas otras he recordado, aquella... descubrí quién eras. Un brillo feroz apareció en tus ojos cuando me desnudaste. Vi que me olías, poco a poco. De los pies al pelo. Lo vi y supe que si me dejaba, me poseerías de una forma muy diferente a la habitual. Y no pude más que decir:
-Muérdeme las venas.
No entiendo aún hoy por qué motivo lo dije tan levemente, quizá para que no me oyeses bien y pudiese seguir viva... pero lo oíste. Claro que lo oíste.
De repente, sin aviso, sin anuncio, una oleada de sensaciones se mezclaron en mi cuerpo. Primero, sentí tus colmillos clavándose en mi yugular, un dolor agudo al principio, pero dulce al final. La sangre salía a borbotones y sabía que disfrutabas así. Sabía que estabas amándome. Y me gustó. Dulce condena, dulce dolor. Te oía succionar levemente, así como oía a mi corazón latiendo en una carrera desenfrenada ,luchando por no pararse. Y sin más, llegó el frío. Terminaste. Sentí una asfixia intermitente y un escueto picor en el cuello pero luego, todo fue frío. Tanto como el hielo. Miré a mi lado y ya no estabas. Desapareciste. Y el frío ha continuado.